Aferramiento...4

   Debe  quedar en claro que de ninguna forma se ignora ni niega la existencia de este tipo de alteraciones  funcionales, aún de indefinida etiología en su mayoría.

Pero con la misma firmeza se alerta sobre la posibilidad de que este sobredimensionado y perjudicial vínculo sea el inicio de un camino que llevara a un “diagnóstico presuntivo”

la consecuente medicación y la inclusión del niño en la llamada “educación especial” que es necesaria y beneficiosa sin dudas en quienes presentan reales alteraciones, pero solo agravará el cuadro en caso de equivocar el camino e incluir a estos niños víctimas y victimarios del “aferramiento o apoderamiento” que por ser mutuo en su dinámica, se realimenta permanentemente. Adquiriendo dimensiones, en término de secuelas, condicionantes del futuro del niño y el presente de la madre. 

  De lo desarrollado hasta aquí, se desprende la fundamental importancia de la más temprana aplicación de este protocolo, esto condiciona el mejor resultado en términos de replantear una relación saludable entre madre e hijo, reencontrar el placer de ejercerla y que recuperen ambos sus propios espacios y tiempos.

   El hijo debe adquirir y desarrollar su autonomía de vida, adecuada a la edad. Esto le permitirá mejorar autoestima, ampliar el círculo social y comenzar a equilibrar sus aptitudes emocionales, controlar sus reacciones, encontrar el placer del reconocimiento en los avances de todo tipo. Crecer sanamente como persona. La madre para tener un grado de privacidad que le permita ocuparse, sobre todo de si misma, de sus intereses, preferencias y gratificaciones.